ESTRÉS

El estrés es un mecanismo de supervivencia de nuestros días de cavernícolas. Cuando estamos estresados, nos sentimos mental y emocionalmente agotados a causa de circunstancias difíciles o exigentes. El estrés puede causar mucha tensión en el cuerpo y la mente, y el estrés crónico en particular, ha sido denominado como una enfermedad fatal vinculada a las seis causas principales que conllevan a la muerte.

La forma en que el estrés funciona es que cuando percibimos una amenaza o, en estos días, una necesidad no satisfecha o una tarea que no se ha completado, sentimos estrés y entramos en el “modo de pelear o huir.” Por consecuencia, las hormonas de cortisol y adrenalina son liberadas en el cuerpo causando así que el corazón palpite más rápido, que la presión sanguínea y los niveles de azúcar suban, que el sistema inmunológico sea temporalmente inhibido, que la respiración se acelere, y que menos suministro de sangre sea enviado al tracto digestivo.

Todos experimentamos estrés, y aunque el estrés temporal, también conocido como estrés a corto plazo o estrés agudo, puede de hecho impulsarnos a un mejor desempeño, experimentar estrés consistentemente durante un periodo largo de tiempo puede ser perjudicial para nuestra salud física y emocional. Cada uno de nosotros ha experimentado ambas formas de este estrés. El estrés agudo o a corto plazo es lo que sentimos justo antes de dar una presentación, tomar un examen importante o ir a una entrevista de trabajo; sientes como el corazón palpita más rápido, como la respiración se acelera, y hasta tal vez sientas las manos y la garganta temblar. Esta es la forma del cuerpo para protegerse y prepararnos para un desafío, mejorando nuestras capacidades mentales y físicas por un periodo corto de tiempo.

El estrés crónico es algo que tal vez experimentemos debido a un ambiente tóxico de trabajo, cuidar a un ser querido que está crónicamente enfermo, o lidiar con una crisis externa en la vida. Esta forma de estrés debilita el sistema inmunológico y puede tener impactos negativos duraderos en el corazón y los vasos sanguíneos.

Entonces, ¿cómo podemos prevenir el estrés crónico? La meditación, y en particular la práctica de conciencia plena, es una forma poderosa para combatir nuestra tendencia a sentir estrés y ansiedad por largos períodos de tiempo. ¿Cómo? Al llevarnos a considerar que tipo de pensamientos, emociones y situaciones externas requieren nuestra energía o no. La meditación nos permite encontrar más claridad en la comprensión de las verdaderas razones por las cuales sentimos estrés y las que simplemente son nuestras fuentes autoimpuestas de estrés.

Al enfocarnos en el estrés, no nos deshacemos de el, pero tratamos de vivir con el y manejarlo. En este camino primero nos enfocamos en la respiración para calmarnos, fijamos una intención, entendemos las causas de nuestro propio estrés e identificamos nuestras obligaciones.